jueves, 4 de agosto de 2011

LA GENTE QUE ME GUSTA

Primero que todo: me gusta la gente que vibra,
que no hay que empujarla
que no hay que decirle que haga las cosas,
sino que sabe lo que hay que hacer y
lo realiza en menos tiempo de lo esperado

Me gusta la gente con capacidad para medir las consecuencias de sus acciones,
no la que deja sus soluciones al azar.

Me gusta la gente justa con su gente consigo misma,
porque no pierde de vista que somos humanos
y nos podemos equivocar

Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo,
entre amigos,
produce más que los caóticos esfuerzos individuales.

Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría.

Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos serenos y razonables.

Me gusta la gente con criterio,
la que no se avergüenza de reconocer que no sabe algo
o que se equivocó.

Me gusta la gente que, ala aceptar sus errores,
se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos .

Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente,
a estos los llamo “mis amigos”.

Me gusta la gente fiel y persistente,
que no desfallece cuando de alcanzar ideas y objetivos se trata.

Me gusta la gente que trabaja por resultados.

Con gente como esta me comprometo a lo que sea,
ya que con haberla tenido a mi lado,

me doy por bien retribuido.


Mario Benedetti

martes, 26 de julio de 2011

LA CARTA DE FUKUSHIMA

La carta fue escrita por Thanh Minh, quien trabajó en Fukushima como policía e iba dirigida a un amigo de Vietnam. Esa fue publicada por New America Media, y dice así:

Hermano,

¿Cómo estás tú y tu familia? Estos últimos días, todo era un caos. Cuando cierro mis ojos, veo los cadáveres. Cuando abro los ojos, también veo los cadáveres.

Cada uno de nosotros debe trabajar 20 horas al día, sin embargo, me gustaría que hubiera días de 48 horas, para que podamos seguir ayudando y rescatando gente.

Estamos sin agua y electricidad, las raciones de alimentos se encuentran cerca de cero. Apenas se consigue trasladar a los refugiados antes de que haya nuevas órdenes para trasladarles a otro lugar.

Actualmente estoy en Fukushima, a unos 25 kilómetros de la planta de energía nuclear. Tengo tanto para decirte que si pudiera escribirlo todo, seguramente se convertiría en una novela acerca de las relaciones y comportamientos humanos en tiempos de crisis.

Aquí la gente mantiene la calma - su sentido de la dignidad y el comportamiento adecuado son muy buenas - así que las cosas no son tan malas como podrían serlo. Pero dado una semana más, no puedo garantizar que las cosas lleguen a un punto en que ya no se pueda proporcionar la debida protección y el orden.

Son seres humanos después de todo, y cuando el hambre y la sed reemplacen la dignidad, van a hacer lo que tienen que hacer. El gobierno está tratando de proveer suministros por vía aérea, con alimentos y medicinas, pero es como dejar caer un poco de sal en el océano.

Hermano, hubo un incidente realmente conmovedor. Se trata de un niño japonés que enseñó a un adulto como yo, una lección sobre cómo comportarse como un ser humano.

Ayer por la noche, me enviaron a una escuela de gramática para ayudar a una organización de caridad a distribuir alimentos a los refugiados. Era una larga fila que serpenteaba un lado a otro y vi a un niño de alrededor de 9 años de edad. Llevaba una camiseta y un par de pantalones cortos. Estaba haciendo mucho frío y el niño estaba en el final de la cola. Me preocupaba que en el momento que le llegara el turno, no hubiera ningún alimento. Así quehablé con él. Dijo que estaba en la escuela cuando ocurrió el terremoto. Su padre trabajaba cerca y se dirigía a la escuela. El estaba en el balcón del tercer piso cuando vio el coche de su padre barrido por el tsunami.

Le pregunté acerca de su madre. Dijo que su casa está junto a la playa, que su madre y su hermana pequeña, probablemente no se salvaron. Volvió la cabeza, se secó las lágrimas cuando le pregunté acerca de sus familiares.

Estaba temblando por lo que me quité la chaqueta de policía y se la puse a él. Ahí fue cuando mi bolsa de ración de alimentos se cayó. La recogí y se la di a él. "Cuando llegue tu turno, podrías quedarte sin alimentos. Así que aquí está mi parte. Yo ya comí. ¿Por qué no te lo comes?"El muchacho tomó mi comida, se inclinó. Pensé que se lo comería de inmediato, pero no lo hizo. Tomó la bolsa, se acercó al principio de la cola y la puso con toda la comida que estaba esperando para ser distribuida.

Me sorprendió. Le pregunté por qué no se lo comía, en vez de añadirla a la pila de los alimentos. Él respondió: "Porque veo a gente con mucho más hambre que yo, si lo pongo allí, se van a distribuir los alimentos por igual..." Cuando escuché eso me di vuelta para que la gente no me viera llorar.

Una sociedad que puede educar a un niño de 9 años de edad, que entiende el concepto de sacrificio por el bien común, es una gran sociedad, un gran pueblo.

Bueno, en estas pocas líneas envío a ti y a tu familia mis mejores deseos. La hora de mi turno ha llegado nuevamente.

Ahora por favor, alguien dígame si no tenemos mucho que aprenderle a los japoneses.

jueves, 14 de julio de 2011

KAYAK

Soy aficionado, por no decir fanático, de leer El Manual para canallas de  Roberto G. Castañeda. Una columna, en un diario, que retrata temas de una vida hastiada, de búsquedas incansables, miserias humanas, glorificaciones de una vida bohemia, de vinos y habanos, de vidas al límite, de vivir con lo puesto y con dos pesos en el bolsillo. Si tocara la guitarra y trabajará en un bar, diría que Arjona se volvió columnista. Aunque ya no me gusta el estilo de vida que glorifican tanto Castañeda como Arjona, no dejo de leer la columna, por su prosa. Me gusta como escribe.

Ha tenido una difícil relación con su padre. Por no decir, casi ninguna relación. Dura, irreconocible relación.

Eso me da pauta para hablar nuevamente del Inge. El querido Inge.

Relataré una anécdota. No sé si el la recuerda. Si lo hace, tendrá ganas de matarme, a pesar dela contradicción que ello implica, cuando lean la anécdota.

Tendría yo, como 10 años, cuando fuimos por primera vez en un road-trip a Cancún. Visitamos el santuario de Xel-Ha, una caleta en la cual un rio se une con el mar, formando el acuario natural más grande del mundo. Podías bucear y observar toda esa maravillosa fauna marina, solazarte con los espectáculos, observar el paisaje. Pero no. Yo tenia la vista fija en un solo propósito, de algo que vi cuando entramos: la renta de kayaks.

Yo quería navegar en un kayak. Una especie de piragua, de un solo tripulante, impulsada con un remo único de dos cucharas. El tripulante se sienta acomodando las piernas hacia la proa, por lo cual le es imposible girar el cuerpo completamente.

Sí, eso es un kayak. Cuando le dije al Inge, me mandó con cajas destempladas a mi lugar. “No sabes ni nadar bien y ya quieres navegar”, o alguna joya de sabiduría de mi padre por el estilo soltó.

Ah, pero como siempre, yo era muy necio. Muy necio. Así que con lo que había juntado de los cambios que no regresaba durante el viaje, alquilé yo el armatoste ese. El lanchero me vio y no comento nada. Mi estatura en aquel tiempo sobrepasaba por 20 cm a los chicos de mi edad, así que supuso que tendría yo como 15 años.

Me dispuse a navegar, son rumbo al horizonte. Fue muy divertido, ir avanzando con la corriente, viendo los peces multicolores desde la superficie.

Hasta que quise regresar a puerto.

Ahí fue precisamente el terror. Me di cuenta que jamás había preguntado, ni como detener la embarcación, ni como girarla. Tampoco, cómo evadir la corriente del río, que lentamente me arrastraba hacia el mar. En que lío me había metido: no sabia como regresar, y nadie, salvo el lanchero, conocía donde estaba yo.

Dentro de mi ingenuidad, llamando así eufemicamente a mi estupidez, me bajé al agua “para girar el bote”. Idiota. Después ya no podía subirme. Estaba a merced de la corriente, abrazando el bote que me llevada directo al infierno.

A lo lejos, comencé a ver un hombre nadando en dirección hacia donde yo estaba. Lejos, pero después de unos minutos, estaba convencido que venía en mi dirección, nadando raudamente.

Era el Inge.

Yo me había alejado cerca de dos kilómetros (eso después me lo informaron) en dirección a la salida al mar. Aún así, el Inge aviso a la seguridad del Acuario mientras se lanzaba a nado por el hijo más idiota que tenía en ese momento. Nadó cerca de kilometro y medio antes de sentir un calambre en la pierna que le hizo detenerse para recuperar condición y seguir en mi dirección. En ese momento lo rebasó la embarcación del lanchero, avisada por la seguridad para que fuera por mí.

Hasta el día de hoy, no sé como se enteró mi padre dónde estaba. Tampoco recuerdo si me regañaron y castigaron, aunque también supongo que fue de ese modo. Lo único que recuerdo, es a mi padre nadando para alcanzarme.

Y que al verlo, yo sabía que todo estaría bien.

Castañeda puede detestar a su padre. Yo, puedo pelearme muchas veces con él, porque no estaremos de acuerdo. Pero no puedo soslayar el hecho de que, pasé lo que pasé, ese hombre iría nadando al infierno por mi.

Aunque sea para regañarme.

Gracias Inge. Por todo.

 

 

viernes, 24 de junio de 2011

CIUDADANO DEL MUNDO

Ayer paso algo que me hizo recordar. Sentado cenando en la calle, frente a mis ojos atropellaron a un perro. No era un perro bonito, ni de raza elegante, con rimbombantes curvas o despampanante pedigree. Un simple perro, como miles.

El animalito se paró como pudo y se apartó del asfalto, aullando de dolor. Difícilmente pude quitarle los ojos de encima y tratar de no escucharle gemir de dolor. Aún siento el hueco en el corazón. Y como mi mente repetía como un mantra “Recuerda. No puedes salvarlos a todos. Recuerda que no puedes.”. Pero eso no me quita la congoja.

Hace años hubiera corrido a él. Lo hubiera levantado, lo hubiera llevado al veterinario, lo hubiera tratado de curar. Esa parte de mi naturaleza creo que nunca se irá. Y el no poder realizarla me llena de congoja.

Pero no puedo salvarlos a todos. No puedo. No solo. Tengo que repetírmelo todos los días cuando se me van las cabras al monte y trato de hacer cosas como esas. Como darle dos pesos a gente que se me acerca porque se murió la abuela, porque se esta rehabilitando, porque no tiene qué comer. Me aguanto no darle a los niños, porque sé que alguien más lo envía a pedir para mantener un maldito vicio, aun cuando tiemblo de rabia de que le están destrozando la infancia.

Un día escuché a una celebridad decir, que era ciudadano del mundo, porque era de todos lados, vivía temporadas en muchos países.

Pensé “Si es ciudadano del mundo, debe dolerle la gente de todos los lugares del planeta. Toda la miseria humana. Eso debería significar ser ciudadano del mundo”

Sí. Esa es mi definición de ese popular término. Para serlo, hay que ser émpata con la Humanidad. Deber importante en la medida de tus posibilidades lo que acontece en este lugar, que es la parte que a mí alguna vez se me estaba desbordando. Poner tu grano de ayuda en los problemas locales, en los acontecimientos mundiales, en las causas que puedas pelear.

No se puede ser humano sin ser ciudadano del mundo. No se puede ser humano sin que te duelan los que están a tu cuidado como los animales y el planeta. No se puede ser humano sin que te duelan los otros siete billones de humanos en el mundo, sin que te duela la gente que muere de hambre en África, los que mueren en guerras estúpidas y fratricidas en Medio Oriente, sin que te duelan los 40,000 mexicanos que han muerte por culpa de la guerra del narcotráfico, sus innumerables desaparecidos, sus viudas, sus huérfanos, sus madres desconsoladas, sus padres demudados.

Por eso somos ciudadanos del mundo. Porque no podemos cerrarnos al mundo, porque no podemos ignorarlo, porque tenemos que hacer algo por él , porque tenemos que tomar una causa y abanderarla. Sólo una causa, por lo menos.

No podemos estar en todas las guerras. No podemos estar en todos los frentes.

Escojamos uno y defendámoslo. Ese es el sentido de la unidad.

Algunas de las causas que podemos abanderar:

Cartoon Network y un Kilo de Ayuda juntos combaten la desnutrición infantil.

La marcha contra la violencia sexual contra las mujeres: La Marcha de las Putas en Morelia

Guía de separación de desechos sólidos y reciclaje hecha por el IPN

Santuario para perros Milagros Caninos

Fundación “Sólo por ayudar A.C.” de Lolita Ayala

Fundación Lazos A.C. para la educación.

martes, 14 de junio de 2011

LA TORTUGA EN EL POSTE

Un joven está paseando por la plaza de un pueblo y decide tomar un descanso.

Se sienta en un banco, ocupado por un señor de más edad. Naturalmente, comienzan a conversar sobre el país, el gobierno y finalmente sobre los Legisladores y similares.

El señor le dice al joven - "¿Sabe? LOS LEGISLADORES Y DEMÁS, SON COMO UNA TORTUGA EN UN POSTE."

Después de un breve lapso, el joven responde - "No comprendo bien la analogía... ¿Qué significa eso, señor?"

Entonces, el señor le explica: "Si vas caminando por el campo y ves una tortuga arriba de un poste de alambrado haciendo equilibrio

¿Qué se te ocurre?"

Viendo la cara de incomprensión del joven, el hombre continúa con su explicación:

  • Primero: No entenderás cómo llegó ahí.
  • Segundo: No podrás creer que esté ahí.
  • Tercero: Sabrás que no pudo haber subido solita ahí .
  • Cuarto: Estarás seguro que no debería estar ahí.
  • Quinto: Serás consciente que no va a hacer nada útil mientras esté ahí.

"Entonces lo único sensato sería ayudarla a bajar."

EN LAS PRÓXIMAS ELECCIONES , HAGÁMOSLO BIEN, TRATEMOS DE QUE NINGÚN ANIMAL SUBA AL POSTE.

viernes, 20 de mayo de 2011

EL FIN DEL MUNDO POR LA FE, PRIEST Y SAVING GRACE

 

Ayer fui al cine a ver Priest, el Vengador. Cinta extraída de un cómic que no leído, lo cual es raro. El argumento: una orden de Sacerdotes o Padres, con características de combate super humanas, han salvado a la Humanidad de una debacle contra una raza de vampiros a costa de que la especie sobreviva en unas pocas ciudades amuralladas a través del orbe.

Y después de ello, los Padres son tratados como indeseables. Cumplida su finalidad, no hay nada para ellos en la sociedad que se ha formado, una sociedad puritana dónde la Iglesia se ufana de proteger a los ciudadanos, de ser el único refugio contra la iniquidad, el pecado y la podredumbre de la carne.

El protagonista debe salvar a un pariente muy querido, a costa del dogma fundamental de este nuevo Orden: ya no hay amenaza de los Vampiros. Nosotros te protegemos . . . mientras hagas lo que decimos. “Desafiar a la Iglesia es Desafiar a Dios”, su leit motiv.

Priest debe decidir: salvar a su sobrina o mantener el status quo de una sociedad que  le desprecia después de haber cumplido su meta, la erradicación de los vampiros.

“Ten fe y mantén el orden.” es la exigencia de la  Iglesia. Fácil para un prelado que no perderá nada con la muerte de la chica. Difícil para alguien que ama lo que tiene.

Hay dos puntos que a modo personal me sentí identificado con el protagonista.

Entra a un confesionario tecnológico, con un identificador de voz el cual le reconoce. En la pantalla holográfica, una imagen del prelado que escucha su confesión. Cuenta un sueño, una remembranza de su pasado como guerrero. La pantalla  salta un poco en la imagen, por un momento se observa el mensaje “Loading Answer”. El sacerdote virtual le espeta una respuesta prefabricada y pide que no se preocupe.

Reconocí en ella la  última vez que me confesé, hace muchos años. Con una respuesta mecánica, sin sustancia, sin el mínimo de asombro o interés de parte del  padre que me la estaba dando. Mi cara de asco y decepción debió ser igual a la del protagonista.

El segundo punto. El cuasicompañero-patiño de Priest hace una pregunta casi tan tajante como los monseñores de la Iglesia. Una pregunta moral, la cual el público generalmente contestará con un inmediato “Sálvala a toda costa”. Priest responde con una frase que digo a menudo, y que causa controversia siempre que lo hago: “Hago lo que debo hacer”. Sin tintes moralistas, ni asomos de maldad por ningún lado. Mecánica y analítica la respuesta.

Si. La cinta marca algo que me repugna constantemente de las Iglesias. De todas. Su politización y falta del espíritu de compasión que en sus inicios les permea. A algunas. Otras nacieron  pútridas, pero no heriré susceptibilidades.

En lo particular pienso que Jesús en su Segunda venida o Parusía, cuando observe lo que han hecho en su nombre sus agremiados, se clavará él solo a la Cruz. De nuevo.

Eso me lleva a pensar, en ese tan cacareado Juicio Final por el norteamericano Robert Fitzpatrick,  que sucederá mañana y estamos informados de ello por un pastor llamado Harold Camping, cuyo cálculo esta  basado en la numerología. Creo que nadie le ha dicho a este ilustre patriarca que el Dios que sigue prohíbe ese tipo de prácticas en la Biblia. Quién soy yo para corregir a un elegido del Señor, puedo argumentar.

Diré lo mismo que cuando esta mañana mi pequeña sobrina Nanny me abrazó con miedo. No pasa nada. El mundo se le acaba a quién se muere. Y aún en ese caso, hay esperanzas de una vida eterna. Dudo. Es cuestión de fe, no de razón, opino.

Mañana lo sabremos. Pero mi fe es que no sucederá nada.

Acordándome del Dios en el que me gusta pensar, una canción acorde a la ocasión y de mis favoritas, debo decir: Saving Grace, de Everlast.

 

“God knows my name” . Los veo en el Juicio Final muchachos. Después del acontecimiento, yo les invito una cerveza.

miércoles, 11 de mayo de 2011

POCO SOBRE MI MADRE.

De mi madre poco he escrito en este lugar. Mi madre, siempre guía, siempre consuelo, siempre fortaleza de mis debilidades.

Es abrigo en la tormenta. Es sabiduría simple, sin retóricas. Sin medias tintas, mi madre diluye al mundo en su escueta opinión, según ella.

Ayer fue 10 de Mayo. Un día comercial, debo decir. En ocasiones, a los idiotas hay que recordarles que tienen madre, y que merece el agradecimiento eterno. Para eso es este día. Madre no es es sólo el acto de procrear un hijo. Madre es la elección de forjar una vida, de enseñarle valores, de darle forma a una existencia naciente.

Mi madre tuvo la elección de tener un hijo o no. Quiso tener un hijo. Tuvo la elección de cuidar o no, a ese hijo. Y me cuidó. No porque sus genes estuvieran en mí. Lo hizo porque desde su vientre, ella ya me quería, me dice. No porque me necesitara para ser madre. En una acto de simple fe, de infinito amor, mi madre me concibió con mi padre, para darle forma al amor que les une. Ese amor soy yo, mezcla de dos seres que se quieren a pesar del tiempo. Eso es un hijo, según mi madre: Un acto de fe al mundo, un acto de infinito amor.

Puedo dudar del universo entero. Pocas cosas creo que son ciertas. Pero del querer de mi madre, nunca he dudado. Lo veo en sus ojos. Por eso creo en el amor; porque mi madre me mira todos los días y sé con absoluta certeza que me quiere. ¿Cómo dudar de que la Humanidad tiene la capacidad de amar, si mi madre me lo ha demostrado toda la vida?

Mi madre me ha enseñado a amar sin miedo, con fe, con su ejemplo. Creo en lo bueno de mi especie, por ella. Ella me mostró lo mejor que tiene el mundo para mí. Me enseño lo malo que tiene el mundo para mí. Y la sabiduría para distinguir lo que es bueno y malo para mí.

No. No se engañen. Parir a un hijo no las hace madres. No una verdadera madre. Las hace madres los 18 años siguientes, cuando toman la decisión de enseñar a ese hijo a desenvolverse por si mismo. Cuando le muestran la vida en su esplendor. Cuando no lo hacen por sentirse obligadas, sino porque de ustedes nace hacerlo. Aprenden de su hijo, lo que es amor.

Ser madre no es sólo un acto biológico. Es una decisión de una vida. No de la de su hijo, sino de la suya. Por eso requiere valor, únicamente posible por una verdadera madre. Mi madre repitió esa decisión tres veces más. Me regaló tres compañeros para este viaje: un malhumorado hermano, digno hijo del Inge, una voluntariosa hermana, fuerte como roble y un pan de Dios, un cascabel, mi hermana pequeña.

¿Saben? Sí, el 10 de Mayo es un día comercial. Pero nunca le he dado flores a mi madre ese día. Porque se las llevo el resto del año. Para mí no hay un día especial para ella. Todos los días son especiales, porque ella esta conmigo. Y la llevo a comer al Italianni’s, compro sus pasteles del Sanborns a pesar de que creo que son puro merengue, la sonsaco para irnos a comer tacos a ese puesto donde hemos ido casi 20 años.

No hay dinero suficiente para pagar lo que ella ha hecho por mi en 33 años. Su cariño, su fe, sus cuidados, sus regaños, su apoyo. Su amor.

Por eso se lo pago siendo recíproco a su amor. Por eso, algún día, pienso hacer lo mismo por alguien más. El precioso regalo de SER en esta vida. El invaluable regalo de SENTIRSE AMADO en esta vida.

Gracias Mamá.

“-Brindo por la mujer, más no por esa
en la que halláis consuelo en la tristeza,
rescoldo del placer ¡desventurados!;
no por esa que os brinda sus hechizos
cuando besáis sus rizos
artificiosamente perfumados.

Yo no brindo por ella, compañeros,
siento por esta vez no complaceros.
Brindo por la mujer, pero por una,
por la que me brindó sus embelesos
y me envolvió en sus besos;
por la mujer que me arrulló en la cuna.

. . .

Por la mujer que me enseñó de niño
lo que vale el cariño
exquisito, profundo y verdadero;
por la mujer que me arrulló en sus brazos
y que me dió en pedazos
uno por uno, el corazón entero.

¡Por mi madre!.. bohemios, por la anciana
que piensa en el mañana
como en algo muy dulce y muy deseado,
porque sueña tal vez que mi destino
me señala el camino
por el que volveré pronto a su lado.

. . .

Por la anciana infeliz que sufre y llora
y que del cielo implora
que vuelva yo muy pronto a estar con ella;
por mi madre bohemios, que es dulzura
vertida en mi amargura
y en esta noche de mi vida, estrella . . .”

Guillermo Aguirre Fierro, El Brindis del Bohemio. (1915)